UNA GRACIA DE DIOS

EL TESTIMONIO DE GUEMCHON ALTIME


Introducción

Mi historia de vida no es un manual de éxito empresarial ni una lista de victorias vacías. Mi historia es, ante todo, una gracia de Dios; un testimonio de todo lo que soy capaz de hacer, y también de lo que decidí no hacer. Durante años, he caminada bajo la sombra del mundo. Desde niño, fui un observador solitario, alguien que miraba cómo los demás corrían desesperados por llegar a ninguna parte, mientras yo prefería caminar despacio. Siempre confié en que, paso a paso, llegaría antes que ellos a la verdad. Y así ha sido. Capítulo 1

Raíces en la Sombra

Desde muy niño entendí que mi lugar no estaba en el centro del escenario, bajo las luces que ciegan, sino en la sombra. Nací como el quinto de catorce hijos. Mis cimientos fueron sólidos porque fueron construidos por dos gigantes: mis padres. Mi padre, Miracin Altime, era un Siervo de Dios, un Pastor que conocía las Palabras Sagradas. De él aprendí que la fe y la agricultura son lo mismo: ambas requieren paciencia. Mi madre, Rose Marie Hilaire, era la fuerza del comercio. Ella me grabó a fuego una enseñanza: “Respétate a ti mismo ante cualquier inquietud o eventualidad”. Capítulo 2

El Desvío y la Cara del Mundo

Cometí mi peor error: quise conocer el “mundo sobrenatural” por caminos equivocados. Estuve perdido un buen tiempo, desaliñado de mi propia vida. Enfermé de puro estrés. Mi cuerpo colapsó bajo una neumonía causada por el tabaco. Fue en ese momento cuando el mundo mostró su cara más cruel. Los médicos me dijeron que tenía VIH. Todo el sistema parecía gritarme que estaba acabado. Pero en medio de ese caos, recordé quién era. Mi fe fue más fuerte que el dictamen del mundo. Capítulo 3

Un Destino Trazado por la Voluntad

Llegar a Chile fue la voluntad de Dios. Yo no elegí este destino al azar; mi corazón me guió hacia aquí. Pasé por un tiempo de estancamiento económico, un desierto necesario. Aquí entendí que mi deber no es criticar la oscuridad, sino ser una luz tranquila. Capítulo 4

La Prueba de Fuego

Mi verdadera sanación no vino solo de las medicinas; vino de mi conexión espiritual. Me hice una pregunta: “Si miramos lo que le hicieron al Señor Jesucristo en su Crucifixión, ¿qué enfermedad vamos a temer nosotros?”. Decidí no aceptar esa desesperación.

Conclusión: La Gratitud como Brújula

Doy gracias por todos los conocimientos adquiridos, pero lo más lindo que he aprendido ha sido con mis prójimos. Mi vida es una “gracia de Dios”. No porque sea perfecta, sino porque ha sido sostenida por un amor que no merezco. No tengas miedo de caminar despacio.

SHALOM